Testimonios reales
EJEMPLOS CONCRETOS:
Cuando un chico o una chica se mete
con otro compañero o compañera insultándole, poniéndole motes,
burlándose de él o ella, amenazándolo/a, tirándole sus cosas,
pegándole o diciendo a los otros que no se junten con él
o con ella,…
Cuando en el patio de recreo, en los
pasillos, en los servicios y en la propia clase sucede, a veces, que unos
compañeros/as se meten con otros/as, se burlan de su aspecto, se ríen de
ellos, y luego dicen que ha sido jugando o que el otro es un quejica, pero
la verdad es que eso molesta,…
Cuando algunos chicos y chicas les dicen a
los demás que no le hablen a otra chica o chico, para que no tenga amigos ni
amigas, o le acusan de algo siendo mentira,…
Cuando un chico o una chica abusa de su
fuerza o se pone chulo o chula y se hace el guay, porque otros chicos y
chicas les ríen las gracias cuando se hacen los graciosos, chulean, pegan o
amenazan a otro compañero o compañera que no es tan fuerte, o que le da
vergüenza enfrentarse con él o con ella y siempre se calla y aguanta,…
Cuando un grupo de chicos o chicas levanta
rumores falsos sobre un chico o una chica, simplemente porque no quiere
salir con ellos o no están dispuestos a hacer lo que ellos quieren ni
aguantar sus cosas y empieza a perder sus amigos/as y a tener cierta fama,…

TESTIMONIOS:
LOLA, 15
AÑOS: "Soy la 'pato', la 'larga' y la 'plana"
Empezó en septiembre. El día que Lola se cayó en
clase de educación física. "Era la nueva. Desde ese día fui la pato". No ha
pasado un día en el que no la insulten. "La pato, larga, plana, cuatro ojos...
Todo sirve para meterse conmigo", explica. Los que la insultan son un grupo
de tres guays de la clase "que se creen mejor que nadie". Cuando pregunta
algo en clase, la ridiculizan: "Me interrumpen y gritan: '¡Mentira, mentira!".
También propagaron por los pasillos cómo era su sujetador un día que se le
vio al quitarse el jersey. Los primeros días creía que eran bromas, pero ha
pasado un curso completo sufriendo porque su cuerpo "es diferente", explica.
Le pidió a su mejor amiga que le acompañara a hablar con el profesor. "Ella
había pasado por lo mismo en otro instituto. Unas matonas le pegaron varias
veces", señala. "Yo ya no aguantaba más. Me dijo que iba a ser peor cada vez
y que debía pararlo ya". Lo más duro de este curso para Lola ha sido
sentirse sola. Nadie la defendió, aunque sabían lo que pasaba. "No se
atreven con los populares; como yo era la nueva...", concluye.
LUIS, DE 11 AÑOS: "Me
querían partir las piernas"
El padre de Luis recibió una llamada un fin de
semana: "A su hijo le están amenazando. Tenga cuidado". Luis, que estaba en
tratamiento por depresión, nunca había dicho nada en casa. Y nadie imaginaba
lo que estaba pasando en la escuela. Recibía amenazas a diario: "Puto
miedica, mamón de mierda, vamos a por ti...". Por los pasillos se comentaba
que le iban a partir las piernas. Su padre decidió hablar con el profesor,
pero no sirvió para nada, porque éste se limitó a quitarle importancia. "Cosas
de niños", le dijeron. Recurrió a la inspección educativa y ésta le remitió
al centro escolar.
Pero Luis ya no se atreve a salir de casa. Tiene miedo. Así que siempre anda
poniendo excusas. Sufre fuertes dolores de cabeza y tiene ansiedad. Los
hostigadores son siempre los mismos: unos chicos del colegio que van siempre
juntos, mayores y más fuertes que él. Le da miedo pensar que pueda
encontrárselos por la calle y que si va solo, le peguen una paliza. Su padre
solicitó al director del centro medidas especiales. Ahora está a la espera
de soluciones.
JUDITH, DE 13 AÑOS:
Dos meses sin ir a clase por miedo
Desde principio de curso, Judith vomitaba
frecuentemente y tenía muchos nervios cuando tenía que ir a clase. "Me
llamaban aburrida, sosa, y decían que no sabía divertirme", explica. Así se
fue quedando sola, aislada, sin nadie a quien recurrir o a quien contarle
cómo se sentía. No se le daba muy bien hacer amigos. A veces estaba tan
agobiada de no poder jugar con los demás, que aguantaba desprecios sucesivos
y empujones hasta que los agresores se hartaban y la dejaban jugar. Un día
le dijeron que se fuera del instituto, que no la querían allí, o que se
tirara por una ventana como habían hecho otros chicos.
Desde hace dos meses no ha vuelto a clase. Su familia ha recurrido a un
psicoterapeuta para ayudarle a superar el problema. Los vómitos y la
ansiedad continúan y están intentando cambiarle de colegio. Le han seguido
llegando mensajes amenazantes: "Aunque cambies de colegio, te buscaremos e
iremos a por ti".
Ahora está buscando otro centro educativo, en otro barrio, donde estudian
algunas antiguas compañeras del colegio.
LORENZO, 27 AÑOS: "Después
de tres lustros, sigo marcado"
"Tengo 27 años y aún sufro las
secuelas que me provocó el acoso al que me sometieron mis compañeros de
clase durante parte de mi adolescencia". Así comienza el correo electrónico
que Lorenzo envió a la organización SOS Bulling. Hace más de 15 años que
sufrió el matonismo escolar y aún le sigue angustiando recordar situaciones
sufridas entonces cuando estaba más gordo que sus compañeros de clase. "Mis
compañeros se burlaban de mí porque ninguna chica quería salir conmigo". Un
día le invitaron a una fiesta, "para reírse de mí", asegura. "Una chica se
me insinuó, me llevó a una habitación y se mostró cariñosa. Cuando íbamos a
besarnos, se encendieron las luces. Ella se apartó y salieron los compañeros
de debajo de la cama riéndose. Las burlas prosiguieron en el instituto, y
eso duró años", explica Lorenzo.
Aún hoy apenas puede relacionarse con chicas y es extremadamente tímido.
Sigue intentado superar sus traumas con ayuda médica, aunque sin éxito. "Cuando
eres adolescente, estas actitudes pueden dejar estragos irresolubles", dice.